El lavavajillas es un electrodoméstico que en muchas casas se ha vuelto imprescindible dada su utilidad: nos libra del fatigoso proceso de limpiar platos y cubiertos y recipientes que usamos para preparar y tomar las comidas, a la vez que nos da un tiempo que dedicamos a otras cosas, aunque también sean tareas hogareñas.

El lavavajillas es uno de los aparatos que menos se limpian en los hogares porque el primer pensamiento que se tiene es que se limpia a la vez que lava la vajilla. En realidad esto no es así exactamente, si acaso cuando el lavavajillas se usa con mucha frecuencia. Pero siempre, con el paso del tiempo, van cayendo dentro pequeños restos de comida y se va acumulando cal en los rincones.

Por eso, para que no se estropee o funcione peor nuestro electrodoméstico es aconsejable limpiar cada cierto tiempo el interior del aparato. Por eso, a continuación te damos algunas indicaciones para que lo puedas hacer de la forma más rápida y eficaz y veas cómo limpiar el lavavajillas sin quebraderos de cabeza.

Con vinagre o con tang

Abre el grifo del fregadero de acero inoxidable y llénalo hasta la mitad de su capacidad, aproximadamente de agua muy caliente, y le añades un par de vasos de vinagre y lo mezclas bien. Si no tienes vinagre, que es un potente desinfectante natural y abrillantador, puedes usar, aunque te parezca raro, algún refresco en polvo, como el famoso Tang, presente en España desde hace muchos años, u otro similar. Incluso, en vez de que sea en polvo puedes usar algún refresco de limón embotellado, de esos típicos con gas, o los que no lo tienen, también. Y por supuesto, también puedes usar un detergente específico de lavavajillas y disolverlo en el agua.

Limpiar los canastos

Extrae los canastos donde se colocan los cacharros, y también el cesto de los cubiertos, y colócalos en el fregadero medio lleno de agua -si no cupieran usa la bañera o un barreño grande de plástico en lugar del fregadero, llenándola de agua hasta la mitad o la altura necesaria para que cubra a los cestos-, y cepíllalos mojándolos con el agua con vinagre y límpialos cuidadosamente. Si encuentras algún resto de comida o suciedad más incrustada y difícil de quitar, usa un palillo o un estropajo de esparto, o ayúdate de una espátula o una herramienta similar para eliminarla.

Limpieza automática con vinagre

El cepillado y limpiado de los canastos lo puedes hacer mientras procedes a una limpieza automática del interior del lavavajillas con vinagre. Igual que en el agua del fregadero has echado vinagre, lo usarás ahora también.

Ejecuta un ciclo de la máquina, poniéndola a funcionar sin nada dentro, sin ningún limpiador o pastilla de lavado, con la temperatura al máximo señalado, y deja que la máquina funcione durante un cuarto de hora. Después que haya pasado ese tiempo, para el programa de lavado, abre la puerta y vierte en el interior un vaso lleno de vinagre. Cierra de nuevo la puerta y dale al botón para que continúe con el programa de lavado que habías marcado, hasta que acabe. Cuando abras el electrodoméstico observarás que ha quedado limpio y brillante. Esta es una costumbre que deberás mantener una vez al mes, y así evitarás que la suciedad se acumule y reste eficacia a tu aparato.

Limpia las aspas

Revisa las aspas que mueven el agua dentro del lavavajillas, y limpia todos los agujeros que tienen, y elimina toda la suciedad que encuentres, porque es imprescindible que el agua y el detergente pasen por ellos y lleguen a los platos, vasos, etc., a lavar. Puedes usar un alambre, un palillo, con cuidado para no rayar nada. Hazlo tranquilamente para evitar contratiempos. Incluso, si hubiera mucha porquería, puedes utilizar un truco un tanto extremo, que consiste en realizar un agujero en una de las aspas, poner en funcionamiento el lavavajillas durante unos minutos, y después cerrar el orificio con un tornillo de acero inoxidable del tamaño adecuado, con una tuerca en su extremo para ajustarlo y que no se salga.

La puerta

Después de lavar bien el interior con vinagre o limón, repasa el interior de la puerta, un lugar al que no siempre llega el agua y detergente de los lavados de la vajilla o loza. Usa un paño suave mojado con vinagre, con limón o añadiendo bicarbonato, igual que puedes usar un poco de detergente que no sea agresivo, y en lugar del paño, puedes utilizar un cepillo de uñas o de dientes para así alcanzar los puntos más recónditos o más dificultosos de alcanzar, como en las esquinas o debajo de la puerta.

De igual manera puedes limpiar la encimera del lavavajillas, con un trapo humedecido en vinagre, que limpiará bien todos los residuos que pueda haber en las juntas de los cantos y le dará un acabado brillante y limpio.

Contra el moho

Si el interior del lavavajillas te da un mal olor a moho, o sólo quieres prevenirlo, lo que tienes que hacer es usar lejía sola. Ejecuta un ciclo de la máquina, poniéndola a funcionar sin nada dentro, sin ningún limpiador o pastilla de lavado, como en el consejo para la limpieza automática con vinagre, pero en este caso con lejía. Deja que la máquina funcione durante un cuarto de hora sin cacharros y sin ningún detergente o similar, también a la máxima temperatura, solo con el agua interna. Después que haya pasado ese tiempo, para el programa de lavado, abre la puerta y vierte en el interior un vaso de lejía. Pon en marcha de nuevo el aparato hasta que acabe el ciclo.

Si no quieres que quede ningún rastro del olor de la lejía, pon el lavavajillas otra vez en marcha, solo con el agua del lavado, y así se enjuagará y habrá desaparecido el olor de la lejía.

Algo importante es que, cuando acabe, deja la puerta abierta un buen rato, con el fin de que se seque bien el interior, una costumbre que deberías tener siempre, mantener abierta la puerta durante un cuarto de hora o hasta que veas que está bien seco por dentro. Eso alejará el moho y los hongos de tu lavavajillas. La lejía debes usarla sin mezcla con nada más, con ningún otro producto de limpieza, y no la uses si el interior del lavavajillas es de acero inoxidable. Utilízala sólo si el interior tiene otro tipo de recubrimiento.

El óxido

Si ves manchas de óxido dentro del lavavajillas, busca el origen de las mismas, pues puede deberse a que los materiales de fabricación tienen algún defecto o puede ser que el agua va depositando lentamente restos de hierro. También puede ocurrir que en los cestos se haya roto la envoltura plástica de los alambres que los componen y estén a la vista y se hayan oxidado por el agua. Puedes utilizar algún producto específico para eliminar el óxido, o incluso podría darse el caso de que necesites cambiar los canastos de la vajilla por otros nuevos. Si no los encuentras en tiendas a pie de calle, prueba a buscar en la amplia oferta que ahora se encuentra en internet.

Limpia el filtro

En la parte baja del lavavajillas -en una mayoría de aparatos- encontrarás el filtro y el depósito para las sales anticalcáreas -que es imprescindible usar en las zonas geográficas donde el agua es muy dura- así como el aspersor con las aspas que impulsan el agua por todo el interior del lavavajillas.

Debes limpiar el filtro por medio de sacarlo y desmontarlo, metiéndolo también en el fregadero que habías llenado de agua caliente con vinagre. Cepíllale toda la porquería que pueda tener, la grasa incrustada o solidificada hasta dejarlo como nuevo. A la vez, limpia el hueco del filtro, donde seguramente encontrarás mucha suciedad acumulada, restos de comida e incluso algún trozo pequeño de loza o vidrio roto, por lo que es absolutamente recomendable que uses guantes de goma y retires con sumo cuidado toda la suciedad, para evitar que puedas sufrir algún corte inesperado.

Con ácido cítrico

Otra manera rápida, aunque todos los meses hay que echar un vistazo al filtro y hacer una limpieza general, de limpiar rápidamente tu lavavajillas es usar ácido cítrico en polvo. Lo puedes adquirir en tiendas especializadas en internet. Pones un poco en un vaso con agua, lo mezclas y lo viertes dentro, al igual que en la limpieza automática con vinagre.

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